Otro preso muerto en la cárcel de Zaballa (Araba)

El pasado martes nos encontramos con la triste noticia de otro fallecimiento en la prisión de Zaballa.
 27. julio 2026  salhaketa_arabaDesde Salhaketa Araba queremos, ante todo, hacer llegar nuestro más sentido pésame a la familia y a las personas allegadas, en un momento tan difícil como éste.
J.J.H., de 60 años, natural de Bizkaia, cumplía condena en el módulo 3 de la cárcel de Zaballa. Su salud llevaba tiempo empeorando: un deterioro cognitivo severo le impedía reconocer nombres y rostros, algo que la propia prisión reconocía habiéndolo sacado del módulo para mantenerlo casi siempre bajo vigilancia en la enfermería. Su único vínculo familiar cercano era una hermana de avanzada edad, ella misma con problemas de salud, en ningún caso en condiciones de asumir su cuidado. Que una persona con este grado de deterioro siguiera en prisión, sin que se activaran las medidas alternativas que la ley contempla para casos como el suyo, no es un descuido puntual: es el reflejo de un sistema que prefiere seguir castigando y encerrando antes que reconocer sus propios límites.
En los días previos a su muerte había manifestado dolor en el costado y sangre en las heces. Había sufrido también una caída que llamó la atención de sus compañeros de módulo: no sangró como cabría esperar de un golpe de ese tipo. Un detalle que hoy, visto con perspectiva, señala hacia una gravedad que nadie quiso ver a tiempo. 
El lunes 20 fue una funcionaria quien tuvo que forzar la situación para que el personal médico accediera a valorarlo, estando J.J.H. ya visiblemente muy mal. La funcionaria se encontró primero con una negativa y con un consiguiente conflicto. Gracias a su insistencia, J.J.H. acabó siendo trasladado al hospital. Murió esa misma noche.
Quienes han podido reconstruir lo ocurrido no han sido ni la dirección del centro ni los servicios médicos, sino un grupo de presos que llevaba tiempo cuidando de él de manera informal. Este dato, por sí solo, dice mucho: nos habla de la resistencia y la solidaridad que las personas privadas de libertad ponen en práctica en un contexto marcado por el castigo y el abandono, que los quisiera enemigos entre ellos. Nos dice también que dentro de la cárcel, el cuidado y la información terminan recayendo en quienes menos margen tienen para ejercerlos, mientras la institución guarda silencio. No hablamos de una filtración de información incómoda ni de un fallo puntual de comunicación: el silencio es parte del engranaje que sostiene a la cárcel tal y como funciona, y frente a él hace falta construir formas propias de mirar y de organizarnos desde fuera.
Hablar de transparencia, para nosotras, no puede reducirse a que la administración cumpla con algún trámite mínimo. Hablar de transparencia es reivindicar que la sociedad tiene derecho a saber qué pasa dentro de una cárcel y a ponerlo en cuestión, es abrir de una vez el debate sobre en qué condiciones viven las personas presas, y es asumir, entre todas, que lo que ocurre tras esos muros también es responsabilidad política de quienes estamos fuera.
La muerte de J.J.H. no puede leerse como un hecho aislado. Zaballa acumula ya demasiadas muertes bajo custodia en los últimos años, y cada una de ellas debería obligarnos a repensar qué tipo de justicia y de sociedad estamos sosteniendo con nuestro silencio.
CONVOCAMOS CONCENTRACIÓN EN GASTEIZ EL JUEVES 30 DE JULIO EN LA PLAZA DE LA VIRGEN BLANCA A LAS 12:00.
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