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La culpa de ser anarquistas : Ocho detenidos por terrorismo
¡Guau! Los cargos: ataques ferroviarios y acciones por Cospito. Dieciocho registros en toda Italia. Grabaciones de reuniones e interceptaciones telefónicas, pero faltan los planes operativos para los ataques.
Desde al menos septiembre de 2024, la policía vigilaba una casa de campo en Sambuci, cerca de Vicovaro, a las afueras de Roma: la antigua «Improbable Squat», una ocupación ilegal que terminó en una operación de desalojo efímera hace más de una década. Los investigadores creían que podría ser el escondite de Salvatore Vespertino, un antiguo militante anarquista conocido como Ghespe, quien fue arrestado en febrero del año siguiente en España. A partir de entonces, la vigilancia nunca cesó, y así fue como los agentes de policía descubrieron la existencia de una reunión que tuvo lugar el fin de semana del 11 al 13 de julio de 2025.
La policía lo grabó todo. También hay imágenes (que se difundieron rápidamente en prensa). Nueve personas reunidas en el campo discutían, según los investigadores, «ciertas prácticas»: acciones directas, ataques. Como los dos ocurridos el 14 de febrero de 2026 en las líneas del tren de alta velocidad Roma-Florencia y Roma-Nápoles —que causaron daños por valor de 455.000 euros— y que fueron reivindicados en sitios web anarquistas. También ayer aparecieron comunicados de prensa sobre los daños en la línea Brenner-Verona el 29 de mayo.
La fiscalía romana
ya había archivado el caso y remitido la documentación al juez instructor el 18 de abril, pero la operación no comenzó hasta ayer (16 de junio) por la mañana. Precisamente en ese momento, el tribunal de vigilancia penitenciaria central de Roma decide sobre el recurso interpuesto por Alfredo Cospito contra el régimen del 41-bis al que está sometido: la vista tuvo lugar el viernes y el juez dictará sentencia en los próximos días. La teoría, presente en casi todas las investigaciones contra anarquistas en los últimos años, es que Cospito es el líder e instigador de este grupo, que no es la Federación Anarquista Informal, sino un grupo afín.
Siete detenciones
. Cinco fueron encarceladxs y dos puestos bajo arresto domiciliario. Otro fue hallado en posesión de «material educativo» (volantes y panfletos) y fue detenido en la comisaría. Algunxs son conocidxs por los medios de comunicación: ya investigadxs y juzgadxs con anterioridad, a menudo sometidxs a largos periodos de prisión preventiva antes de ser absueltxs de los delitos más graves. Se realizaron dieciocho allanamientos en varias ciudades italianas: Milán, Nápoles, Bolonia y Predappio. En la capital, la policía entró y desalojó el centro social okupado Bencivenga, en el barrio de Montesacro.
Según los investigadores, en este lugar ( el centro social okupado Bencivenga) tenía su base una organización criminal terrorista, estructurada como un «grupo de afinidad» o, como se indica en la orden de medidas cautelares firmada por la jueza de instrucción de Roma, Rosalba Liso, «de acuerdo con métodos y metodologías conocidos y probados dentro del propio movimiento anarquista». Esto significa que no se trataba de una organización estructurada y reconocible, sino más bien de una organización informal y sin personalidad jurídica.
Según los investigadores, en quince horas de escuchas telefónicas grabadas
en julio de 2025, se encontraron pruebas de una célula terrorista dedicada a planificar «campañas violentas, partiendo de las dinámicas propias del contexto anarquista, al antimilitarismo, el antiimperialismo, la revitalización de las movilizaciones en apoyo de Alfredo Cospito, y más». Además, las nueve personas reunidas en la antigua sede de Improbabile Squat también habrían discutido «iniciativas para mejorar las capacidades técnicas del grupo en la preparación de artefactos explosivos» y «directrices para evadir los controles policiales».
El problema radica en que, al leer las transcripciones, estas escuchas telefónicas contienen conversaciones muy generales: sí, hablan de bombas y de los materiales necesarios para fabricarlas, pero también de cómo operan los grupos anarquistas en el extranjero y de las diferencias con Italia, el movimiento palestino, la búsqueda de «sangre nueva», Leonardo y las emisiones de La7. Sin embargo, no se encuentran instrucciones operativas, planes específicos ni diseños concretos. La conexión con el sabotaje ocurrido siete meses después en las vías del tren solo se insinúa.
Esta primavera se realizaron otras grabaciones dentro de Bencivenga. Los presentes hablaron principalmente de lo ocurrido el 19 de marzo en una granja del parque Acquedotti de Roma, cuando Sandro Mercogliano y Sara Ardizzone murieron en la explosión de una bomba que estaban preparando. Estas conversaciones están cargadas de ira, pero giran principalmente en torno a «cómo mostrar solidaridad» y cómo «contrarrestar el mensaje unánime de los medios que retrata a los dos compañeros como terroristas». Lo peor es cuando se alude a iniciativas con «mayor valor simbólico». ¿Cuáles? Las investigaciones no lo han aclarado, pero, según explica la policía, solo es porque «el modus operandi de la célula favorece el uso de herramientas de comunicación encriptadas y reuniones presenciales». En esencia, la falta de pruebas demostraría la existencia de un «método para eludir» la seguridad. Lo que, a su vez, sería prueba de la existencia de una organización clandestina.
En varios pasajes de los documentos presentados por la fiscalía aparecen las duras valoraciones que los sospechosos hacían de diversos acontecimientos mundiales. Frases como «puedes destrozar un McDonald’s en cualquier momento de tu vida», «tenemos que fijar una fecha y actuar de cierta manera» o «tenemos que obligar al Estado a que nos tenga en cuenta» demuestrarian que el grupo estaba dispuesto a intensificar la violencia. La compra de Kevlar —un material resistente al calor— indicaria la intención de fabricar artefactos explosivos. No faltan los folletos hallados en internet descritos como «manuales de sabotaje».
Palabras , situaciones y circunstancias que, según la fiscalía de Roma, revelan una amenaza para la República. Sin embargo, a falta de pruebas, solo nos queda la culpabilidad del autor: el deseo de castigar una forma de vida.










